Un hombre herido en lo paterno, quizás todos lo estamos en alguna medida, intenta ejercer el papel de padre y en esa tarea fantasea con el parecido, con la sangre. Andamos media vida atisbandoo gestos, signos de reconocimiento paterno que nos situen en la tierra, en el ser, pero nos cuesta entender que el eje de ese reconocimiento se completa en el propio hijo.
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