El relato empieza al final, en el último plano que sitúa a Irene tras una reja en el psiquiatrico. Habría que hacer una segunda visión de esta película hacia atrás, como vista en el espejo retrovisor de un coche, desde el lugar donde ella no es nadie, desidentificada es solo mirada. Ese espejo retrovisor alcanza hasta la muerte del hijo, el eje del film donde se produce el giro, el intercambio.
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