— buscando el hilo

En tierra hostil

Traje y nube

Lo femenino mira sobre lo masculino, como queriendo hacer una elección. El ojo aquí abandona su posición pasiva, receptiva, construyéndose una prótesis óptica cuya función es disparar. El ojo lunar de Buñuel que se abre describiendo sexo femenino se hace aquí falo.

James, una especie de astronauta que lucha por salirse de la desidentificación del traje sabe que el acercamiento a lo otro, a lo diferente, no es posible tras un casco, una máscara (Point Break), y que esta exposición no está exenta de riesgo, pero no asumirlo impide el abrazo. Salirse del traje es salirse de la experiencia de la videoconsola para aproximarse a la sensibilidad de lo físico. James desea lo real, el cuerpo, pero apenas es el semisubjetivo de un personaje de videojuego, es inmortal, lo que equivale a no mortal. Cuando vuelve a casa, el juguete que intermedia con su hijo es una caja de música de la que por sorpresa sale un payaso, para dar un susto, ¿una explosión?. La caja bomba que extrae del cuerpo del niño iraquí que él cree Beckham y al que le une un afecto paternal, es esa misma caja. Recordemos como se llama una de las videoconsolas más famosas donde se experimentan juegos de guerra: Caja X. La traducción literal del título The Hurt Locker sería algo así como “La caja dañada”.

Kathryn Bigelow le pregunta a la cámara, también caja, cómo de ese semisubjetivo que se experimenta en la videoconsola y que tiene su precedente en la experiencia más pasiva del cine, puede nacer sujeto. “La guerra es una fuerza que nos da significado” es el título del libro que recoge la cita con la que se abre el filme. La necesidad de regresar al lugar del inconsciente donde permanece la memoria de ese big bang que es la concepción (esa explosión fértil) busca en la guerra ese detonador, como los que acumula nuestro héroe debajo de la cama. Quizás alguno sea la llave de la caja fuerte que contiene el secreto del padre y que el cine a todo lo largo de su historia explosiona repetidamente, una y otra vez.