— buscando el hilo

El cameraman

 

“Me has dejado sin palabras”, me escribe una amiga, ante un comentario que le hago sobre una selección de fotos de su último viaje.

Sin palabras trabaja Keaton, mudo, ante esa imagen femenina que fotografía en un curioso paisaje nevado de papeluchos y de páginas en blanco, como de libro no escrito, que han caido con motivo de un multitudinario recibimiento a una pareja de famosos.

Celebración al final del film también, de reconocimiento, por ser nombrado él, aún sin palabras. Por haber filmado, por el gesto de la manivela, que rueda a la par que la metralleta revienta los vídrios de las ventanas rotuladas de palabras. Como los de la puerta de la agencia donde Ella trabaja y que Buster (el destructor)[1] rompe accidentalmente con la cámara una y otra vez.

Así es como quiere Keaton a la chica: sin palabras, desarmada, emocionada.

¡Qué momento! cuando descubrimos que la cámara estaba vacía[2], que no había película mientras rodaba la guerra del barrio chino, como lo hacían esos héroes de la cámara que homenajea al principio del film y ante los cuales, en este inicio él solo posee una triste cámara de imagen fija, inanimada. Esa caja vacía sin película que impresionar. Ese cuerpo hueco sin la posibilidad de emulsionar, sin sensibilidad, como las páginas en blanco de esos libros no escritos.

Saca a la chica de la aguas, a punto de ahogarse, empapada, muda. Keaton sale de detrás de la cámara, para asistirla, mientras ese duende protector, ese Totoro occidental (el monito marinero) gira la manivela, convirtiéndolo en protagonista de la acción. Esta imagen se revela en proyección, para Ella reconocerlo como centro de su deseo. Para así Keaton ser recibido, distinguido de las multitudes, de las aguas indiferenciadas. Como las de ese coche (anhelo de cuerpo también), donde solo la pareja queda bajo la capota, y él a merced de la intemperie, mientras llueve a cántaros. “Ha merecido la pena por estar en tu compañía” le dice a la chica, empapado.

Pienso que Keaton, su obra, está impregnada de infancia. Lo veo saltando por los aires en una de sus funciones de niño con su familia de acróbatas de vodevil[3], como un bebé a punto de ser recogido por los brazos de sus padres, con la doble emoción del vuelo y el abrazo.

“Me has dejado sin palabras”. “Las palabras después de haber hablado entran en el silencio” escribió Eliot.

Su padrino fue HarryHoudini, quien lo bautizó “Buster” (el destructor) tras verlo caer de una escalera sin una sola herida a la edad de tres años. Wikipedia.

Durante su primer encuentro con Arbuckle, le pidió prestada uno de sus cámaras para tener una idea de cómo funcionaba. La llevó a su habitación de Hotel desmantelándola y volviendola a montar. Con esta comprensión aproximada de la mecánica de las imágenes en movimiento, volvió al día siguiente, cámara en mano, pidiendo trabajo. Wikipedia.

Fue criado en el mundo del vodevil, actuando junto a sus padres (presentados como “Los Tres Keatons”) desde la edad de tres años. Sus padres pertenecían a la Mohawk Medicine Company, igual que Houdini, y casualmente se encontraban en Kansas cuando Buster nació. Su padre había sido periodista en el Oeste, y junto a Myra, su mujer, realizaba un número acrobático. El espectáculo debía de ser bastante impresionante, ya que Keaton hijo era lanzado desde un lado a otro del escenario. Wikipedia.