— buscando el hilo

Cruces de Añora

Cruz de mayo interior en Añora Tronco de encina ardiendo

Vestir la cruz, quitarle peso a las cruces de piedra que recorren todo el pueblo, cubrirlas de blanco con una especie de lencería hecha con la inédita artesanía del reciclado, elaborada por mujeres del pueblo, y cuyo principal motivo es la flor. La tradición empezó utilizándola como flor viva, pero ha ido deviniendo en representación de esta, pues al celebrar la explosión sexual que la primavera exhibe en flor, la puesta en escena ensaya esa idea de otorgarle vida a algo que no la tiene. Los materiales con los que se elaboran son humildes, restos, vasos de yogur usados, de botellas de plástico, de cds, tejidos económicos, croché, sal y un largo etc, que esta artesanía femenina elabora hasta alquimizar en brillo, luz, en joya, construyendo unos singulares monumentos al himen, a lo virginal, a la pureza que, como la naturaleza flor, desean exhibir para atraer, y donde la cruz se convierte en cerradura, en clave, en número capaz de liberarlas de ese velo, pero imponiendo previamente sus condiciones a la tarea de lo masculino, exigiéndole un adecuado encaje.

Hay que entender también, que aquí, lo femenino se colectiviza para saberse poderoso tejido, y que no le basta la pura representación en estos monumentos, sino que también ejerce su capacidad amamantadora, repartiendo dulces por todo el pueblo.

Hermosas candelas preparadas por los hombres con impresionantes troncos de encinas se reparten por todo el pueblo, avivando “el fuego” cuando llega la noche, y exigiéndole a éste el necesario contraste del rojo con esos blancos virginales con los que se ha vestido el pueblo, para que así la fiesta se produzca.

Cruz vestida de noche en Añora